¿Turismo sensato? Otra modalidad del turismo sostenible, responsable, justo, solidario, ecológico, consciente, ético, inteligente,….verde, ecológico, ambiental, comunitario, rural,…

Pues realmente mi intención, es puntualizar que todas estas manifestaciones más literarias que reales, se podrían resumir en una sola, bajo una palabra, que evoca mas a la sensatez, a la cordura o usando otro término, mas calificador, al turismo con sentido común, tanto por parte de la oferta como de la demanda.

Existe una percepción errónea por una gran parte de la demanda sobre el significado o traducción de estas terminologías, que acompañan a pocas o muchas ofertas turísticas, que acorde a sus intereses de mercado o a propias filosofías, las usan o se apropian.

Los grandes enemigos o amenazas para que precisamente estas conceptualizaciones, puedan implementarse en la oferta turística, son precisamente ellas mismas y su especulación por un liderazgo, con muy poco sentido estratégico.

Si la demanda. a) no comprende su significado, b) si no aporta un valor añadido demostrable en el proceso de elección y compra, c) si no genera un elemento diferenciador práctico (no teórico), d) si confunde la percepción del contenido del mensaje, e) si no aporta fuerza al precio de venta, f) si no se pueden tangibilizar los beneficios de dicho atributo. Entonces no funcionara, como está ocurriendo ahora, por mucho que se ofrezcan datos (con dudosa verificación o validación estadística).

Si el turismo convencional, si el turismo de sol y playa, urbano,…no comienza a creer y por tanto a implementar alguno de estos atributos, entonces difícilmente se obtendrán resultados notorios. Y no solo por efecto multiplicador o contagio, sino por un cambio de actitud en la oferta y demanda turística.

O y todavía, más relevante aún,  si la sociedad y por tanto los consumidores turistas, no manifiestan una serie de expectativas, orgánicas o inducidas, en las que sus motivaciones más elementales exijan un cambio importante en los beneficios obtenidos por sus viajes y por ende, en los destinos escogidos, pocos resultados sensatos, se podrán obtener.

Es decir cuando la percepción del beneficio del consumidor turista, sea cada vez mayor, en esta línea ambiental y social, y por supuesto este incluida en el precio de venta del producto, entonces esta exigencia, se traducirá en expectativas, que habrán que cumplirse.

En otras palabras, la demanda turística, es la impulsora de los cambios, ya que la oferta identificara rápidamente esa evolución y reaccionara ante ella, a veces con cierta anticipación, como algunos mercados asiáticos, donde ya se están planteando, más seriamente su diferenciación ambiental, su valor ecológico añadido (VEA), pudiéndose ligar o asociar a los entornos naturales y rurales, mediante corredores de conexión tangibles e intangibles, a través de acciones de responsabilidad social empresarial (RSE), pero planificadas, como una inversión inherente a las propias empresas, con repercusión real, en la experiencia, producto turístico y reputación y no como se está planteando en la actualidad.

Sí, es cierto, el camino más corto entre dos puntos A y B, es la línea recta, pero en algunas ocasiones, no se conoce bien donde se encuentra el punto B de destino y otras veces el camino más corto, no es el mejor.

Un cordial saludo

Arturo Crosby

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