La visualización de una cara nos aporta más información que cualquier encuesta personal o comentario. Con las palabras podemos facilitar datos que no se correspondan con lo que verdaderamente pensamos o sentimos, es decir, podemos mentir. Sin embargo, nuestros gestos faciales son incapaces de falsear la realidad de un sentimiento, una emoción o sensación. O sea, que para testar emocionalmente un logo o captar el posible impacto de una pieza publicitaria podemos recurrir a la transparencia que nos aporta una reacción facial como método eficaz para valorar su idoneidad, partiendo de lo que pretendíamos con su diseño y creación. De esta forma, un estado emocional se expresa mejor a través de un gesto que explicándolo mediante palabras.



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