Ayer publicó Hosteltur un interesante artículo acerca de la supuesta burbuja 2.0 que, según parece, se está empezando a detectar sobre todo en el sector turístico. Venía el artículo a raiz de la noticia del cierre de TripHub, como recogía Nando Llorella en su blog.
El artículo refleja varias opiniones, entre ellas la mía que se declara en contra de la existencia de esa supuesta burbuja.
El término burbuja se ha aplicado tradicionalmente a un entorno económico en el que hay un aumento artificial de un bien, activo o sector de modo que se crean unas expectativas artificiales que luego no se cumplen por lo que el valor cae de golpe produciéndose una pérdida monetaria masiva. Es lo que ha pasado por ejemplo en la burbuja inmobiliaria es España.
Algunos autores como Charles P. Kindleberger o Hyman Minsky han definido las etapas de formación de esa burbuja, y aunque pudiera parecer que tiene cierta semejanza creo que hay diferencias claras.
El sector turístico, sobre todo el español, está entrando con pies de plomo en la filosofía 2.0. No hay ni se aprecia ningún tipo de euforia en cuanto a la aplicación de la tecnología 2.0. Más bien al contrario se aprecia una cierta desconfianza.
Como en todos los avances ya sea científicos, sociales, económicos o incluso turísticos hay un periodo de adaptación antes de conseguir extraer todas las potencialidades a la innovación. Incluso en sectores consolidados se producen desajustes. Digo esto porque podría parecer que algunas redes sociales quiebran y desaparecen por estar inmersas en la burbuja 2.0, sin embargo en cualquier sector consolidado, como ya he dicho, se producen quiebras por planes de negocio mal confeccionados, expectativas infladas o previsiones irreales, y en un entorno en periodo de consolidación más.
Estamos todavía ajustando la filosofía 2.0 al mercado, porque esta filosofía no nace de un entorno económico, sino social. No son los agentes turistico-económicos los que han inventado una estrategia y unos recursos para mejorar la rentabilidad, sino que han sido los propios clientes y viajeros los que han empezado a utilizar las posibilidades que les da internet para gestionar sus propios viajes y vacaciones, y esto ha cogido al sector con el pie cambiado. Todavía estamos dándole vueltas a la forma de rentabilizar todo esto.
No estamos en una burbuja, pero podemos estarlo en el futuro si seguimos vendiendo el 2.0 como la solución a todos los problemas, como la mejor forma de restabilizar un hotel o como un club en el que si no estás no eres nadie. Cada hotel ha de conocerse y saber si le va a ser útil e interesante el 2.0.
La burbuja explotará cuando tenga que explotar, pero primero tenemos que llenarla.
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