
(Publicado en clan-destinos)
Leyendo el tema de portada del último número de la revista Editur titulado "El turismo entra en el tablero político", se refleja que la actividad turística tiene cada vez más protagonismo en la política de este país, ya sea a nivel nacional, autonómico o local. De hecho, hay diferentes tipos de datos que corroboran este papel destacado del turismo.
Según se puede leer en el artículo de Editur, parece que la continuidad del actual Plan del Turismo Español Horizonte 2020 (con unos objetivos aparentemente claros, con importantes apoyos, la participación de los agentes sociales y un presupuesto destacado) depende de los resultados de las elecciones del mes de mayo. No entraré a valorar si dicho plan es o no un buen plan, pero si creo en la planificación turística. Y esta necesita de tiempo y consenso para aplicarse.
Y si bajamos esto a una escala más regional/local, vemos como en contadas ocasiones (Sevilla o Málaga por ejemplo) se establecen grandes pactos que marquen una hoja de ruta para el desarrollo del turismo en una destinación a “salvo” de cambios políticos. De hecho, lo más frecuente es que con los cambios de cada cuatro años, también cambien de manera substancial las estrategias o proyectos turísticos del destino.
De una parte, es lógico que cada uno tenga sus ideas acerca del turismo y las quiera aplicar, pero parece que se debería buscar un consenso mínimo acerca la dirección a seguir, o los grandes puntos sobre los que actuar. Y una vez establecidos, poner el “sello” personal del gobierno de turno, pero sin desvirtuar la línea a seguir.
Pero si esto es así, ¿por qué parece tan difícil establecer pactos a medio y largo plazo para su desarrollo? Y más sabiendo que es una actividad que necesita tiempo para ver las acciones convertidas en resultados.
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