Una más de esas increibles pero ciertas cosas que ocurren a diario en cualquier hotel.
Para situarnos es importante comentar que el complejo se haya inmerso en unos 2 millones de m2 de selva tropical. De hecho, uno de sus principales atractivos es la cantidad de vegetación autóctona que se ha respetado a pesar de la construcción de los edificios.
Cómo es lógico pensar en un sitio así hay toda clase de bichos, toda clase de insectos. Los que nos dedicamos a esto sabemos lo dificil que es eliminar según y que clase de insectos en cualquier hotel, por muy buena que sea la empresa de fumigación encargada de mantener bajo contral a los indeseables bichos. En concreto pensemos en las odiadas cucarachas.
Hecha esta pequeña introducción, imaginemos la siguiente escena:
Una señora se presenta en Recepción a primera hora de la mañana y exige hablar con el "Manager". Se le pregunta en que se la puede ayudar pero insiste en que quiere hablar con el Director. Se avisa a un Director Adjunto quien se presenta en el mostrador y se pone a disposición de la señora.
El problema es que por la noche, mientras dormía, algún bicho la ha picado y la ha mordido e, incluso, ha devorado parte de su ropa interior. Entonces saca de una bolsa unas bragas y, extendiéndolas sobre el mostrador, señala muy claramente unos agujeritos que hay en lo que correspondería a la entrepierna. Según ella ha sido una cucaracha porque vio una fuera de la habitación que ocupa e incluso tiene fotografías tomadas con su cámara digital y que va a colgar en internet.
Lo más fantástico e increible es que exige que la vea el médico porque está convencida de que el bicho se le ha "metido" y está aterrorizada.
Desde el punto de vista de la anécdota, de algo que nos ocurre por primera vez, obviamente esto puede entrar a nuestro libro de cosas cachondas y simpáticas. Seguramente contaremos esta historia dentro de muchos años, cuando nos juntemos los que tarde que temprano nos separaremos; tambien lo contaremos a nuestros amigos en plan la batallita del que se fue a la mili.
Desde el punto de vista de la atención al cliente podemos hablar de este hecho más que extensamente. Desde el momento en que un cliente, incluso en plena paranoia, depende de nosotros para recuperar la tranquilidad. Obviamente no nos podemos poner a tronchar de risa delante del cliente y algo hay que hacer. Hay, la buena de Virginia, nuestra Directora Adjunta, tuvo buena cintura (¡Que indispensable es tener cintura y reflejos en este negocio nuestro!) y lidió con el tema perfectamente.
Tal vez esta señora reclame a través de la agencia y, lo admito, me gustaría ver la cara de la persona que reciba la reclamación, y nos tocará contestarla, claro que sí. Claro que la contestación llevará un buen rato porque, la verdad, tener que defender por escrito que uno no sabe todavía que clase de insecto, tropical o no, come bragas y luego se introduce en el cuerpo pues, la verdad, todavía no nos había tocado.
A poco que pueda, pronto más cosas.
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