"Cosas peores veredes" dice la Biblia. Esa frase la recordé el otro día en Fitur. Andaba yo, como siempre en dicha feria, corriendo. Era mediodía, tenía hambre y apenas media hora para comer algo entre una entrevista finiquitada y otra a espuertas.Entre a una de las cafeterías de Ifema, con poca cola para retirar los alimentos, pero con todas las mesas ocupadas. Con la bandeja en la mano miré en todas direcciones en busca de un sitio vacío: nada, todas las mesas llenas. Hasta que reparé en un señor que estabo solo en una mesa, leyendo. Uno de esos señores anónimos que pululan en todas las ferias turísticas, que saltan de stand en stand rampiñando cuanto material de publicidad encuentran. Todos arrastran, más que cargar, una pesada bolsa de plástico llena de folletos, mapas, carteles, desplegables, etc. Pues este era un señor de esos. Totamente anónimos. Ese señoer que casi podía ser mi padre era uno de ellos.
Me acerqué a él y le pedí permiso para compartir su mesa. Me dijo que sí con un gesto, sin dejar de leer, y me me senté. Al poner sobre la mesa mi libreta de trabajo, en cuya portada se lee (bastante grande por cierto) HOSTELTUR, el señor, ya mayor, y que casi podía ser mi padre, lo que es bastante decir, al ver mi libreta, me preguntó si yo era de HOSTELTUR, le dije que sí. Entonces me enseñó lo que estaba leyendo: el especial que nuestra revista hizo para Fitur. "Casualmente --me dijo--estoy leyendo el magnífico artículo que habeis escrito sobre esto del 2.0, que a mí me sonaba a chino, pero que ahora estoy empezando a entender, al menos lo suficiente para entender a mi nieto cuando me habla de estas cosas del internet, así que me siento orgulloso de compartir mi mesa con un verdadero especialista en la materia como es usted".
Al oir aquello me sentí halagado, por supuesto. Sin embargo pensé para mis adentros algo que no tuve huevos de decirle: que tan solamente seis meses atrás no es que yo estuviera en pañales en esto de las comunidades virtuales, es que estaba totalmente en pelotas y que todo lo que he aprendido (apenas una micopartícula de lo mucho que me falta por aprender) sobre este tema fue precisamente haciendo mi parte, mi modesta contribución, al tema del turismo 2.0 de la revista HOSTELTUR. Me faltaron huevos y me sobró vanidad para decirle la verdad.
Si cuento esto es, por un lado, por remordimiento de conciencia, y por otro, porque ese señor anónimo, que casi puede ser mi padre, de esos que pululan por las ferias, me enseñó que no deberímos olvidar y que con frecuencia olvidamos: que nunca es tarde para aprender.
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