Cabo Verde es un archipiélago de 10 islas situado a unos 500 kilómetros al Oeste de Senegal.

EL LUJO DE BOA VISTA
En la plaza del centro de Sal-rei (capital de la isla), hay una boda y los niños juegan a enderezar el columpio que hace años se rompió. Van descalzos para no ensuciarse los zapatos de domingo, no así la ropa que no ha conseguido librarse de la arena y el polvo que levantan.

Antes de la cena, nos acercamos a la playa, para ver la puesta de sol. Desaperece un poco antes de llegar al horizonte, probablemente sean nubes o un efecto óptico desconocido.
En el restaurante, a la hora de la cena, huele a mar. Un pequeño perro en la entrada ladra y parece que no somos bienvenidos. Un hombre mayor, desde el interior, espanta a tan ingrato anfitrión y nos indica muy amablemente donde se encuentra el comedor, los servicios, la cocina. Hace calor y tiene un techo de uralita del que cualgan tres ventiladores, aunque solo funcionan dos. Todo está limpio, inmaculado, de plástico, sencillo: un hule, servilletas de papel, vasos pequeños de color verde botella. Como hemos llegado los primeros podemos elegir sitio. El camarero trae las bebidas tumbadas sobre la bandeja y se reconoce sin habilidad para transportarlas erguidas. Tardan una eternidad, pero la espera merece la pena. Un plato de arroz, patatas fritas y dos garoupas a la parrilla para mi. Un plato de arroz, otro con verduras hervidas y cabra, también a la parrilla, para mi compañera de viaje. El perro de los propietarios camina a sus anchas por el comedor, ahora parece que no le importa nuestra presencia. Los hijos de los cocineros miran el televisor en la entrada y nos cruzamos con ellos a nuestra salida. Una vez terminada la cena, mientras paseamos por las calles de Sal rei, coincidimos en la sensación... acabamos de salir de un restaurante de lujo.

En un bar, situado en el centro de la plaza, compro un cigarrillo suelto por unos 20 escudos, hoy nos vamos a dar un homenaje y pedimos también un Cabo Libre: es como el famoso Cuba Libre, pero con Grogue, el licor local. Nos sentamos en la terraza con música en directo, melancólica, es una morna, cantan canciones sobre amor y la “saudade”, en alguna estrofa entiendo la letra, sufre, parece poesía. El lujo sigue presente en este otro momento.
Visitar Boa Vista, es mirar atrás en el tiempo, relajarse, observar a sus habitantes, reflexionar, admirar sus paisajes, contemplar.
Boa Vista es muy sencilla, acogedora y aunque, hoy por hoy, no tiene nada de 4 ni de 5 estrellas, es una isla de lujo.
Pere Marti Franco
Boa Vista. Octubre '06.