He tenido este puente ocasión de dar un rápido paseo por La Rioja y hablar con algún receptivo que opera por esta zona. He tenido ocasión de ver los programas con los que operan, productos que ofrecen etc. y me ha llamado la atención una cosa que me gustaría compartir con el grupo y conocer vuestra opinión.
Hay tal desarrollo arquitectónico en la zona que las bodegas en cuanto edificios, han pasado a ser el elemento clave de la oferta en turismo enológico. Los programas están cuajados de visitas a bodegas que suelen cerrarse con referencia a una “cata” sin más. No se indica qué tipo de vinos se van a catar, qué tipo de cata va a hacerse, por supuesto se obvia hablar de quién va a dirigir la cata y otros detalles.
Puedo entender que hay un turismo generalista que visita La Rioja o Penedés, me da igual, a la que ya le va bien conocer bodegas y tomarse al final del paseo un vinito, pero el turismo enológico y gastronómico, en mi opinión, es un turismo con un interés claro por el vino y sus emociones o por el foie o por el queso, el brandy etc.... La bodega, como el resto de patrimonio cultural de la zona, es un elemento muy importante, un gran valor añadido pero no podemos perder de vista que lo fundamental es el vino (salvo para los arquitectos en visitas turísticas) y todo lo que seamos capaces de sumar, perfecto, pero no nos quedemos con las hojas y tiremos el rábano.
Claro que al hilo de esto me venía otra reflexión a la cabeza. Y es que quien quiere operar turismo enológico tiene que tener un conocimiento del producto, un asesor o alguien que le dirija por estos vericuetos. De nos ser así caeremos en la indiferenciación y la vanalización del producto y nos dará lo mismo comercializar una zona partiendo de los vinos que venden en el Eroski del pueblo que de los Parker >90 de los productores locales.
Por cierto, las viñas ahora están plagadas de colores otoñales. Preciosas para el paseo...
Saludos,
Alicia Estrada.
Etiquetas: enología, gastronomía, vino