Hace un día contestaba a la activa María del Mar Torres sobre el nivel de Calidad y la Q, el ICTE y la honestidad existente en la hostelería española. Creía nuestra amiga que muchos hoteles son gatos a precio de jamón ibérico, y quizás no le falte razón. Razonaba que en muchos lugares se venden cosas "exclusivas" cuando en realidad son, sencillamente, ordinarieces. Sin entrar si es en muchas partes o en pocas, la verdad es que en el sector Sol y Playa - que supongo es donde ella ha trabajado y presta sus servicios - suele haber dicha picaresca, que muy poco ayuda a la imagen de nuestro país. Comentábamos en que faltaba unas herramientas de control serias en España, puesto que las que hay se han demostrado ineficaces. Hasta aquí, de acuerdo todo el mundo.
La diferencia o pequeña discusión ha venido después, en el detalle. Nuestra coblogger defendía la labor del ICTE y su "Q" como la idónea , la que más podría atajar dicho desbarajuste. No coincido con ella, ni mucho menos. La Q no es conocida allende los Pirineos, su nombre no es tenido en demasía por los TTOO , que al fin y al cabo aún - y digo aún con muchas reservas - traen gente. Los clientes que vienen por libre tampoco saben lo que es la Q ni tienen obligación de saberlo. Entonces ¿ qué hacer?
Aunque suene un tanto revolucionario, suprimiría la Q y las estrellas, así de claro. Las estrellas son un invento de la legislación franquista, no sé si lo sabe la mayoría de los participantes en este blog. Sus requisitos han quedado desfasados en muchos casos, y los postulados de la nueva arquitectura hotelera, la arquitectura de los Sentidos - les Cols, Aire de Bardenas, el hotel de Moneo en Panticosa, o el Abalú madrileño - no serían sino ilegales o han abierto las puertas gracias a la indulgencia de los inspectores de turismo, que no por la legislación en sí.
Darwin es sabio. Planteémonos la erradicación de las estrellas, la clasificación por la clasificación, el reglamentarismo por el reglamentarismo . Muchos malos hoteles aguantan por unas estrellas mal dadas. Muchísimos. La única manera que se replanteen su nivel sería la no existencia de estrellas, que los encumbra a una falsa categoría. Dejemos después la labor del cliente, sabia y decidida.
No estoy soñando : en Inglaterra no existen estrellas. Oficialmente. En Francia, tampoco. En Suiza, tampoco. Que los hoteleros se las pongan por su cuenta, eso ya es otro cantar. Arriesgándose a una multa en caso de queja, por cierto.
Por tanto, ahí va mi reflexión: ¿ de veras necesitamos estrellas o son los propios empresarios los que al final las piden sotto voce, conscientes de sus demasiados fallos estructurales? Porque muchos de ellos deberían acometer tales obras de mejora en sus establecimientos para hacerlos atractivos que, evidentemente. prefieren ser catalogados. Aunque renieguen de Mesquida, del ICTE y de todas las estrellas del universo.