Con respecto a la discusión tácita y solapada sobre el matrimonio de ciudadanos y ciudadanas, en nuestro país, se me ocurren varias reflexiones.
Lo primero que me llama mucho la atención y más allá, cerca de la incomodidad, es lo macabramente internalizado que tenemos el discurso de la iglesia católica. No solo dentro de la comunidad de Gays y Lesbianas sino en general. Una visión del matrimonio profundamente cristiana y heterocentrada que permite que "demos palmas" o aplaudamos cuando leemos que la iglesia nos concede el derecho de unirnos en pareja.
Otra cosa, y muy de la mano de la anterior, es una especie de pensamiento "políticamente correcto" al rededor del matrimonio que la comunidad, como consciencia colectiva poseyera por no ser usuaria del mismo, del matrimonio me refiero. Como si los gays y lesbianas del Ecuador hubiésemos llegado a una convención social que "superase" la idea de casarnos, como si nos hubiésemos adelantado a Holanda, Canadá o España y repudiásemos la institución "caduca" del matrimonio en pos de una nueva forma de compartir que poseemos y somos usuarios.
Amén de varios comentarios superfluos que se riegan por aquí y por allá, la gran comunidad no comenta y "mira los toros desde la barrera".
Recientemente he estado haciendo una encuesta que tenía un carácter más funcional sobre hábitos de consumo, para poder convocar a la MANIFESTACION de celebración del ORGULLO en este año. Varias sorpresas me encontré en el camino. La más notable es la participación y el crecimiento real y cuantitativo de la comunidad GLBTI de, por lo menos, la capital. Sin embargo, detrás de unas emocionadas manos que ponían lo que DESEABAN en aquella encuesta, me conmovió ver a individuos del colectivo que “esperan algo” de quien los representa.
Me preguntaba yo, pillado por la sorpresa de ser quizá uno de los llamados a formar parte de los estrados, si quizá no hay una clamor escondido en algún closet de nuestra comunidad. Un ruido de voces que piden más de lo que las pocas organizaciones conceden dentro de sus limitados lobys de poder; una demanda clara que antes ya había escuchado en otros países como España, pero en la calle, en la boca de decenas de miles de gays, Lesbianas, Bisexuales y Trangéneros que dos años antes de la promulgación del matrimonio gay, gritaban ¡IGUALDAD, IGUALDAD!
Ciertamente no creo que la aprobación que esperamos (y nos concede!!) la Iglesia Católica, aquella iglesia que recordemos, tiene muchas décadas abusando de menores sexualmente, tenga algo que ver con aquella demanda que tanto clamamos en nuestro interior. Creo que nosotros deseamos algo concreto: la posibilidad de soñar la felicidad, por muy cursi que suene.
Lo otro, lo político, lo nuevo y lo vanguardista, sólo puede ocurrir si desde una base de IGUALDAD DE DERECHOS, homosexuales y heterosexuales, como humanos nos propongamos a construir.