Reflexiones en voz alta sobre el IV congreso de marketing turistico. los precios y la reputación on line

Ahondando en una frase que comentó Albert Barra en el recientemente celebrado IV congreso Nacional de Marketing Turístico en Priego de Córdoba, ¿Sabemos si nuestro cliente estaría dispuesto a pagar 200 euros por una habitación de nuestro hotel, aunque el precio que hemos fijado es justamente la mitad?

Probablemente en el camino hacia la toma de poder por el cliente de la decisión de compra, uno de los grandes escollos o barreras que quedan por superar sea el ajuste real del precio del servicio ofertado al valor emocional que el cliente tenga de él.

Hasta ahora los ítems más determinantes a la hora de elaborar una política de precios han sido: los costes de elaboración y distribución del producto o servicio (deben seguir siendo un factor preponderante, pues de otro modo la rentabilidad de nuestro negocio se vería claramente mermada) la relación entre oferta y demanda, es decir si hablamos de hoteles por ejemplo, la relación entre el número de plazas disponibles y el nivel de peticiones o reservas existentes. En este sentido la economía de escala ha jugado y sigue jugando un papel determinante (pues las empresas grandes como cadenas hoteleras y touroperadores se expresan habitualmente en términos de "camas", es decir, por volumen de compra o de venta, sin diferenciar en muchos casos perfiles, segmentos o nichos de clientes). De ahí que el fenómeno turístico o boom inicial diera paso a una "Industria" Turistica, con todo lo que el término en cuestión conlleva.
También la relación entre la propia oferta, el escenario competitivo condiciona mucho la política de precios de una empresa turística.
Y en el escalafón más sofisticado esta la "imagen" de marca, el branding, el prestigio con el que se dota una marca (sea artificial y por tanto efímero, o real) en base a las expectativas de sus clientes y a su perfil sociocultural.
Por último, la notoriedad de un producto, la asociación o identificación directa del producto a través del subconsciente del consumidor, el reconocimiento y aceptación instantánea de un producto sin pensar en sus atributos. La Coca Cola, para que nos entendamos

Y en todos estos ítems comentados anteriormente, ¿hemos mencionado alguna vez a los clientes, considerados como individuos?, Tan solo relativamente, y de forma diluida en el concepto branding, que implica ciertos toques de personalización en la elección por parte del cliente del producto.

Y si empezáramos a plantearnos a partir de ahora, teniendo en cuenta la explosión actual de la interactuación entre oferta y demanda, tanto en el intercambio de opiniones entre usuarios y proveedores de productos o servicios turísticos, como en el desarrollo conjunto, colaborativo o co-creado de los mimos, que el precio final lo debe decidir de forma individual cada cliente?
Suena disparatado, no?

¿Tendría sentido vincular, por ejemplo, la reputación on-line de un producto a su precio final? ¿Os imagináis un portal concreto donde las opiniones juegan un valor importante (véase booking.com. atrápalo o toprural) donde el precio del producto fuera definido en base al promedio de puntuación de los productos o servicios turísticos ofertados? (siempre, claro está teniendo en cuenta unos mínimos umbrales de rentabilidad para el ofertante) Traducido, el hotel o casa rural mejor puntuado, automáticamente sería el más caro. Y el peor puntuado, el más barato.
Esta sistemática la están aplicando ya en parte las compañías aéreas, pero de otra manera muy distinta, reajustando el precio del billete de avión via on line, pero solo teniendo en cuenta como variable principal la nula capacidad de almacenamiento del producto, es decir si les quedan muchas plazas libres en un vuelo rebajan el precio, y se les quedan pocas lo aumentan.
Claro, me vais a decir que estoy omitiendo en parte la variable más importante en la decisión de compra: la relación calidad-precio, porque a todos nos gustaría alojarnos en un hotel de 5 estrellas gran lujo por el precio de un hostal. Y si no fuera así? ¿Y Si fuera que una parte más o menos importante de la demanda estuviera dispuesta a pagar x euros simplemente por el valor emocional que ellos mismos –nuestros clientes potenciales o reales- le dan a ese producto?
Algunas marcas que han trabajado muy bien el concepto de branding han conseguido que su producto se venda a unos precios altísimos sin que el consumidor de los mismos se pare a pensar fríamente si el precio que está pagando por ellos es justo. Pensemos en Rolls Royce: existen muchos otros modelos de coches de otras empresas mucho más potentes, más cómodos, más seguros, y puede que hasta más bonitos, pero creo que eso poco le importa a los clientes de Rolls Royce, o a los de ferrari.

Pero, y si extrapolaramos este concepto al turismo experiencial? ¿ Y Si le diéramos la posibilidad a nuestro cliente potencial, aparte de diseñar su propio viaje o experiencia a su medida, de fijar el precio final del producto, según su propio criterio y su escala de valores, que podría ocurrir?

Me vais a decir, que este último supuesto, va en contra de cualquier lógica de empresa o economía de mercado que se precie. Pero por citar otra hipótesis de trabajo concreta. Y si como me ha planteado un amigo empresario de turismo rural, se sacara a subasta en un portal como e-bay o similar , partiendo de un precio mínimo, el alquiler de su alojamiento rural para Nochevieja. Qué creéis que podría ocurrir? Si se subasta un cuadro de Picasso, Porque no subastar un viaje a la India?

Seguramente la crisis económica actual no sea el mejor escenario para testar estas arriesgadas prácticas, pues en este momento nuestro nivel (en general bajo) de renta individual condiciona terriblemente cualquier otra consideración con respecto a la decisión de compra. Pero, y si a pesar de todo, haya clientes dispuestos a pagar lo que sea por vivir una experiencia feliz? Porque si no hay tantos sevillanos que para ir al Rocio, piden todos los años un préstamo al banco??

Lanzo el debate

Etiquetas: line, marketing, on, precios, reputacion

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Respuestas a esta discusión

Hola ! Gracias por la mención, y lamento ser el culpable de esta reflexión tan interesante. Vamos a ver como se desarrolla el debate.

Saludos,
Albert
Hola Francisco Javier, potentes propuestas las tuyas!!
Albert nos trajo con gran acierto unas reflexiones que son el quebradero de cabeza de cualquier ofertante de productos y servicios: fijación de precios, flexibilidad precios, discriminación de precios,...

Respecto a tu sugerencia de los portales de opinión como fuente de redefinición de precios...

En el estudio reputación hotelera online que os puede presentar en Priego, analizamos 30 portales (de casi un centenar que ya tenemos localizados para el análisis de reputación online basada en opiniones de clientes).
Pues bien, mientras realizamos el estudio la primera conclusión fue, y me perdonen los portales, que la mayoría son un desastre en sus propias funciones de dar coherencia en las valoraciones globales, en los ranking, en transparencia... con lo que pedirles responsabilidad en influir en precios dinámicos... inviable!! Yo sencillamente dejaría de visitarlos.

En un entorno de información perfecta y transparente, sería muy interesante incluir esa ponderación de precio en base a reputación. Sin duda!!!!! Pero no es el caso actual.


Salud,
RG
Hola de nuevo a todos,

Coincido contigo, y supongo que otros much@s compañer@s en la poca fiabilidad de los rankings y sistemas de valoración de los portales al uso. Por lo tanto hoy por hoy es inviable llevar a cabo una propuesta como la que yo planteaba al inicio del debate.
Pero algún día tal vez algún portal si acierte en el planteamiento de dar credibilidad a las valoraciones que aparecen en el mismo. En ese hipotético escenario la responsabilidad de influir en los precios finales de los servicios turísticos recaería principalmente en los propios usuarios del portal (siempre, y claro está, que alguien no se invente otro nuevo truco o estratagema para subirlos o bajarlos "artificialmente".........es el omnipresente problema y al mismo tiempo anhelo de la mayoría de usuarios de internet: la transparencia)
Buenas Tardes,

El debate resulta interesante pero creo que la idea de subasta, queda solo para las casas rurales o al menos, cuando se hable de la ocupación total de un establecimiento, la subasta de habitaciones no la acabo de ver por muchos motivos, entre otros, si disponemos de, por ejemplo 10 hab. y tenemos 10 pujas, ¿por qué vender una sola habitación al mejor postor y dejar 9 vacías si podemos llenar las 10?.
Respecto al precio de nuestro alojamiento según puntuación de clientes en los diferentes portales, deberíamos pensar que (partiendo de la base de que los portales son fiables), los clientes se crean unas expectativas según precio ¿no?, eso fue otro de los puntos en los que se incidieron en el congreso, debemos pensar que un alojamiento que tenga muy buenas puntuaciones puede ser debido a que en el momento de visita, el precio era muy barato, por consiguiente las expectativas eran muy bajas y la satisfacción del cliente fue grande ya que no se espera "nada". Al unir el aumento de precio y la puntuación alta, podríamos generar una expectativa alta que no podríamos cumplir ya que nuestro servicio a sido valorado en base a expectativas bajas. Podríais decir que con el tiempo, el cliente nos pondría en nuestro lugar, pero como en su ponencia nos mostró Rafael González, si tenemos una puntuación alta dentro de un gran número de opiniones, podríamos estar "engañando" durante bastante tiempo hasta que los clientes nos volvieran a poner otra vez en nuestro sitio, volviendo a generar de nuevo gran desconfianza en los precios en base a opiniones.

Por lo tanto creo que las opiniones siempre serán un punto importante a la hora de tomar una decisión de compra o alquiler, pero creo que de momento nosotros tendremos que seguir poniendo precios en función de costes y variarlos de algún modo atendiendo a la ley de la oferta y la demanda (más o menos como siempre).

Saludos a todos.

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